Hablar de mujeres autistas implica reconocer que el autismo no es la única realidad que puede influir en sus oportunidades.
Las mujeres vivimos en una sociedad donde todavía existen desigualdades estructurales relacionadas con el género. En un contexto marcado por la violencia de género, la desigual distribución de los cuidados y las brechas laborales, ser mujer puede significar enfrentarse a barreras que no desaparecen por ser autista.
A estas desigualdades pueden sumarse otras relacionadas con la neurodivergencia: dificultades para acceder a un diagnóstico, falta de apoyos, discriminación, camuflaje social, barreras en la educación y obstáculos para acceder y permanecer en empleos dignos.
Por eso, cuando hablamos de mujeres autistas, necesitamos mirar la intersección de estas experiencias, sin reducirlas únicamente a su diagnóstico.
¿Qué encontramos en nuestra encuesta?
De las mujeres participantes:
34.51% señaló ser totalmente independiente financieramente, es decir, cubrir sus gastos con ingresos propios.
39.07% señaló ser parcialmente independiente: cuenta con ingresos propios, pero necesita apoyo de familiares, otras personas o del Estado para cubrir algunas de sus necesidades.
26.28% señaló ser totalmente dependiente: sus necesidades básicas son cubiertas por otra persona, como familiares o pareja, o mediante apoyos del Estado.
Los resultados nos permiten acercarnos a algunas de las experiencias económicas de quienes participaron, pero también nos invitan a obtener información valiosa sobre las condiciones sociales que atraviesan sus vidas.
Estas cifras no deberían llevarnos a preguntar únicamente: “¿Por qué no son independientes?”
También necesitamos preguntarnos:
“¿Qué condiciones hacen posible o dificultan esa independencia?”
Recordemos: “la independencia económica no depende únicamente de cuánto se esfuerza una persona” como nos ha hecho pensar la “Meritocracia”
¿Estamos creando trabajos para personas o personas para los trabajos?
Con frecuencia hablamos de contratar personas autistas destacando características como que son “muy detallistas”, “buenas con los números”, “honestas”, “concentradas” o “excelentes para determinadas tareas”.
Aunque reconocer fortalezas puede ser positivo, existe un riesgo cuando reducimos a una persona a aquello que puede producir para una empresa. Una persona autista y no autista no es una herramienta.
No tiene que ser excepcionalmente productiva, no tiene que destacar en matemáticas, no tiene que ser brillante en tecnología ni cumplir con un estereotipo para merecer un trabajo digno.
Las personas pueden equivocarse. Pueden cansarse. Pueden necesitar apoyo. Pueden cambiar de opinión. Pueden tener días difíciles. Y eso no las hace menos valiosas. La inclusión laboral debe permitir que las personas sean humanas.
Una empresa inclusiva no busca personas perfectas
Si queremos construir espacios laborales realmente inclusivos, necesitamos dejar atrás la idea de que incorporar a una persona autista significa encontrar a alguien que cumpla perfectamente una función.
La pregunta debería ser diferente: ¿Qué podemos cambiar en nuestro entorno para que diferentes personas puedan trabajar, desarrollarse y equivocarse sin ser excluidas por ello?
Esto implica revisar procesos de contratación, comunicación, horarios, espacios físicos, dinámicas sociales y formas de evaluar el desempeño. También significa comprender que un ajuste razonable no es un privilegio. Es una herramienta para que una persona pueda participar en igualdad de condiciones.
La inclusión no debería depender de qué tan bien pueda una persona esconder sus necesidades
Para algunas mujeres autistas, adaptarse constantemente a las expectativas sociales puede implicar un esfuerzo considerable.
En el trabajo esto puede significar intentar parecer siempre disponibles, controlar sus formas naturales de comunicación, soportar ambientes sensorialmente incómodos, ocultar el agotamiento o evitar pedir ayuda por miedo a ser consideradas poco capaces.
Un espacio laboral no es verdaderamente inclusivo si para permanecer en él una persona tiene que ocultar constantemente aquello que necesita. Por eso también necesitamos hablar de culturas laborales donde pedir apoyo no sea interpretado como falta de compromiso.
¿Qué tendría que cambiar?
No se trata únicamente de abrir vacantes para personas autistas. Necesitamos construir condiciones que permitan que puedan entrar, permanecer, crecer y sentirse parte de los espacios laborales.
Por ejemplo:
- Procesos de selección más accesibles.
- Información clara sobre las funciones y expectativas.
- Ajustes razonables.
- Flexibilidad cuando las características del puesto lo permitan.
- Espacios que consideren diferentes necesidades sensoriales.
- Comunicación clara y accesible.
- Evaluaciones basadas en el trabajo realizado y no en estereotipos sociales.
- Oportunidades reales de capacitación y crecimiento.
- Salarios y prestaciones dignas.
- Ambientes libres de discriminación.
- Espacios donde pedir apoyo no signifique ser etiquetada como menos capaz.
Y algo fundamental: Escuchar a las propias mujeres autistas. Porque no todas necesitan lo mismo.
No queremos empresas que “toleren” a las personas autistas
Queremos espacios donde las personas puedan ser reconocidas como personas.Con fortalezas, Con necesidades, también. Con conocimientos, experiencias, errores, cansancio, intereses, proyectos y sueños.
La meta a futuro debería consistir en construir empresas capaces de reconocer la diversidad humana, donde toda persona no sea calificada ni valorada por que tan capaz es y no pedirle a las personas que se adapten constantemente a sistemas que fueron construidos sin considerar su diversidad.
Nota
La encuesta “Mujeres Autistas Detrás de las Máscaras También Contamos” fue realizada por Iluminemos por el Autismo como un ejercicio independiente de la sociedad civil y contó con la participación de 2,150 mujeres autistas adultas.
Sus resultados no pretenden representar al 100 % de las mujeres autistas en México. Los datos corresponden a las personas que participaron y deben interpretarse dentro de este contexto. Cada porcentaje representa una experiencia. Y cada experiencia merece ser escuchada.

